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Celebridades

10.05.2018

Virginia Demaria: “Ser mamá es una inyección de creatividad”

¡Revisa la entrevista que Vanidades.cl le realizó a la futura madre!

Por Autor: Germán Romero. Fotografía: Simón Pais. Producción: Gabriela Cordero. Maquillaje y pelo: Vero Mócano. Nota Original: Vanidades.cl
Virginia Demaria: “Ser mamá es una inyección de creatividad”

Desde hace varios meses que la idea de un cuarto hijo rondaba en la cabeza de Virginia Demaria (37). Niños ya más grandes e independientes, de entre 4 y 10 años, y su potente carga laboral le hacían dudar si era el minuto correcto. Tanto le dio vueltas que finalmente concluyó que ese cuestionamiento era porque tenía ganas de ser nuevamente mamá: “Una tiene que escucharse a sí misma, y estaba segura de que si no lo hacía después me iba a arrepentir”.

Frente a esas ganas decidió junto a su marido, el ingeniero comercial Arsenio Molina, que el 2018 era el año, pero no fue una decisión fácil. “Tuve que convencerlo porque él estaba muy cómodo con los tres niños que tenemos: Luisa (10), Arsenio (8) y Rafael (4). Yo soy de embarazos fáciles y eran tantas las ganas de tener otro hijo, que para convencerlo, tenía preparado todos los argumentos frente a sus aprensiones y dudas”, recuerda la chef.

El plan original era quedar embarazada después de las vacaciones, ya que durante casi un año habían organizado un esperado viaje familiar al Sudeste Asiático. “Nos gusta recorrer diferentes lugares y que nuestros hijos conozcan y experimenten otras culturas. El primer viaje fue a Trancoso y, al año siguiente, a la Isla de Boipeba, también en Brasil. Le agarramos el gusto al viaje familiar, pero al ritmo de nosotros. Nos gusta nuestra intimidad”, afirma Virginia.

Pero la vida le tenía preparada una sorpresa. En enero se dio cuenta de que ya tenía un mes de embarazo y el viaje tuvo que ser modificado quedándose solo con la primera parada del tour: Australia. Para la pareja no era un lugar al azar. En ese país fue donde comenzó su aventura de ser papás y la maternidad de Virginia. Luisa tenía un mes y medio cuando se mudaron a Sydney, y para la chef fue el mejor ejercicio que la vida pudo darle. Para ella, Chile es una cultura donde, cuando tienes un hijo, te ayuda tu mamá, la tía, la hermana, y finalmente, esa forma de apoyo es la que dicta cómo hacer las cosas.

¿Cuáles son los nervios de estos primeros meses de embarazo?

Me encantaría saber qué cara tiene. Saber si va a ser como yo, que cuando niña era como un bulldog francés o si nuevamente el gen de mi marido va a seguir marcando la pauta. Yo creo que va a ser muy regalona y va a hacer lo que quiera con nosotros por un buen rato. Tendremos que saber sacar las energías que se van perdiendo cuando eres papás más viejos y habrá que ponerle el mismo empeño en la crianza. Aunque me va a dar lo mismo si se duerme en brazos o si se toma una lechecita más: me la quiero regalonear a concho.

¿Cómo fue tu reacción cuando te dijeron que era mujer?

De verdad fue insólito. Era imposible. Me había sentido tan mal, igual que con mis dos embarazos anteriores que, conversando con mi ginecólogo quien me examinó, me dijo que quizás era hombre, lo que yo tomé como una certeza. Gabriel o Tomás eran los nombres que me gustaban y, junto con avisarle a todo mi entorno, me puse a tejer ropita de color gris. Cuando tuve la ecografía de los tres meses, me dicen que era mujer. Fue tan emocionante porque nunca me lo esperé. Sabía lo que iba a significar para Luisa que gritaba de alegría: “¡Es mujer!”.

¿Y qué sensación vino después?

Todas las mujeres que tenemos una hija, sabemos lo que significa. Más allá de ese goce que significa volver a jugar a las muñecas, que te nace la pasión por la cintita y la florcita, también es gratificante saber que otra te va acompañar. Otra más que me puede llevar a la colonoscopia cuando tenga 70 años (risas).

¿Por qué el nombre Virginia?

A mí me encanta. Me gustan los nombres antiguos, que no sean tan repetidos y durante mi etapa escolar, nunca tuve una compañera que se llamara igual. Incluso hoy, las dos Virginias que conozco son mayores. Cuando chica no me gustaba porque me molestaban con el betún Virginia. A veces pienso que puede ser una carga que nos llamemos igual, pero afortunadamente Luisa ya le puso un sobrenombre: Nina, es decir que ya tiene una identidad propia.

¿Cómo estás preparando su llegada?

(Antes de responder va su dormitorio a buscar una bolsa llena de suéteres y vestidos) Le he tejido de todo. Ahora que termino el último chaleco pasamos a la etapa móviles. Cada uno de mis hijos ha tenido un móvil hecho por mí donde tejo los animales que van colgando desde el techo. Después, seguramente vendrá el chal, y de ahí no paro. Para mí ser mamá es una inyección de creatividad. Saber que hay una vida creciendo dentro de mí me hace ser una versión aumentada de la técnica.

¿Cómo se dividen en el tema de las tareas con tu marido?

No sé qué haría sin el apoyo de Arsenio. No tengo la rutina de estudiar con ellos. Él eligió como papá ese espacio y lo valoro profundamente. Todos los días se da una hora donde trabaja y estudia con los niños. Es una instancia muy enriquecedora, pero no sé si es el mejor panorama. A mí siempre me costó estudiar. Como tenía habilidades manuales, en el colegio era famosa por mis torpedos ultrapequeños (risas). Por eso yo arremeto con la parte creativa, de ayudarles a hacer la presentación, de inventar dinámicas con plasticina. Ambos padres somos un complemento para ellos.

Televisión, radio, tejer, manualidades, proyectos con marcas, libros… ¡¿A qué hora descansas?!

No soy mucho de salir, prefiero estar en mi casa. Comemos todos los días temprano, y en la mesa contamos algo bueno y malo que nos pasó durante el día. Después veo una película o una serie, siempre con los palillos en la mano, y los fines de semana nos vamos a la playa. Ahí nos desconectamos y tenemos una rutina familiar que es muy de nosotros y de disfrutar con cosas simples. Cada cierto tiempo, con Arsenio hacemos un viaje de pololos, solo para nosotros, donde recargamos energías, para volver al desafío diario de ser padres, hasta ahora, de tres niños.

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