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Maternidad

02.11.2017

¿Eres un padre/madre permisiva o estricta?

Encuentra el equilibrio entre ser un padre amoroso y estricto; aprenderás y dominarás el arte de poner límites.

¿Eres un padre/madre permisiva o estricta?

Han habido cambios sociales importantes, explica la psicóloga Alicia Banderas, autora de los libros Hijos tiranos y Niños sobreestimulados. “Los padres actuales somos más democráticos, incluimos más a los niños en la toma de decisiones en familia, participamos ambos de manera activa en la educación; hay menos hijos en cada hogar y muchas veces, los crían los abuelos. Todo ello genera que convirtamos a los niños en los reyes de la casa”. Esto ha marcado un cambio de pautas educativas y ha desembocado, en algunos casos, en una confusión de roles: “En varias familias, no se sabe quién es el padre y quién es el hijo, hay una violencia en sentido ascendente, del hijo hacia los padres, y muchos no se dan cuenta de que lo que están viviendo no es normal”.

Acciones que ponen límites

• Elige las batallas. ¿Cómo? Pues preguntándote: ¿qué es lo más importante para mi hijo? No compliquemos lo básico con tantas indicaciones accesorias.
• Ejercer la autoridad debe ser una mezcla de firmeza y cariño. Para que nuestro hijo integre los límites, nuestros argumentos deben ser razonados y adaptados a su edad, expresados con cariño y coherentes.
• Aprende a decir “no”. Hasta los cinco años, sobre todo en los tres primeros, los niños nos desafían continuamente para ver hasta dónde pueden llegar, forma parte de su desarrollo.
• Empecemos a trabajar la frustración desde el principio. “Si por ejemplo, le estamos cambiando el pañal y nos pide un juguete, podemos dárselo sin más o decirle ‘cuando termine de cambiarte el pañal te doy el juguete’. Otro caso es cuando quiere subirse al columpio: ‘Cuando se baje el niño te subes tú’. Son pequeños gestos que enseñan al niño a esperar”, explica la psicóloga Alicia Banderas.
• Actúa antes del berrinche. Hay que pedirle que nos diga lo que quiere con palabras, en lugar de llorar. Así le vamos enseñando a gestionar su ira de otra manera. Cuando un niño está inmerso en un berrinche, no pasa nada por sujetarlo de los hombros para que se calme: apartarlo a un lugar alejado del conflicto pero manteniendo el contacto ocular.

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• No lo dejes solo. No podemos dejar a nuestro hijo delante de la tele, decirle que tiene 40 minutos para verla y volver a la hora y media hechos una furia porque no ha respetado el horario. Hasta que integran el límite, hay que acompañarlos con mucho amor. Los pequeños necesitan que nosotros mismos nos convirtamos en un límite físico entre aquello que ellos quieren hacer y lo que queremos impedir.
• Aprende a identificar tus trabas emocionales. Por ejemplo, cuidado con la conciliación laboral y familiar mal resuelta. Genera culpabilidad y eso nos impide ser firmes: cedemos y nos vamos restando autoridad. El agotamiento también puede hacer que prefiramos la comodidad de evitar el conflicto y terminemos cayendo en la ambigüedad y la incoherencia.
• Actúa en pareja. Es importante consensuar las normas entre los dos padres. No nos quitemos la razón el uno al otro, menos delante de los niños; esto nos pondría en un plan “policía malo, policía bueno”.

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¿Qué tipo de padre eres?

• Los permisivos-permisivos. Educan a sus hijos sin límites, no asumen la responsabilidad de tomar decisiones respecto a sus hijos. Es como si no estuvieran, son padres ausentes.
• Sus hijos son: inseguros y perciben esa falta de límites como una falta de amor y cuidados. Tienden a ser autoritarios, con baja tolerancia a
la frustración, caprichosos e irresponsables. También son demasiado demandantes e interesados.

• Permisivos-sobreprotectores. Son padres helicóptero o padres ambulancia, que les ofrecen ayuda antes de que la pidan y resuelven sus problemas por ellos. Esa madre que dice “Nos vamos del parque, que mañana tenemos un examen”; pero, ¿quién tiene el examen?
• Sus hijos son: se frustran con facilidad y la vida les queda grande. No tienen oportunidad de enfrentarse a auténticos retos y superarlos. Su éxito o su fracaso es, al final, de sus padres, que son quienes hacen realmente las cosas.

• Autoritarios. Tienen mucho miedo a lo imprevisible, sufren con el desorden y todo aquello que escapa a su control. Penalizan el error y eso paraliza a sus hijos.
• Sus hijos son: de baja autoestima, sumisos, indecisos, dependientes, necesitan ser dirigidos. Estos pequeños tienden a ser obedientes ante la norma externa, pero pueden tener poco autocontrol y presentan altos niveles de ansiedad y culpa.

[Por: Juan Valcárcel / Asesoría: Alicia Banderas, Psicóloga]

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