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Maternidad

15.12.2017

¡Mi hijo rompe todo! ¿Cómo solucionarlo?

Ahora entenderás el verdadero significado de “manos de mantequilla”. Si en tu casa tienes todo acomodado como si fuera un museo, con la llegada de un pequeñito tendrás que hacer algunos cambios por la seguridad de tu hijo y por el aprecio que le tienes a tus objetos.

¡Mi hijo rompe todo! ¿Cómo solucionarlo?

“¡No duró nada, ya lo destruiste!”. Seguro has dicho esta frase más de una vez con algún juguete que recién le compraste a tu pequeño o que alguien le obsequió. No te explicas cómo tu criaturita es tan descuidado… Tal vez tu hija ha jugado unos días, como la mayoría de las niñas, a ser la mamá de su muñeca, a darle el biberón, a mecerla… Pero de repente le da curiosidad por ver de dónde sale el sonido del llanto, cómo está implantado el cabello, hasta dónde pueden girar las piernas… Parece como si su vocación maternal se combinara con la de ingeniera o la de médico forense…

Y es que la curiosidad caracteriza a los niños de esta edad. Tienen gran interés por los objetos y en su ansia de exploradores a veces rompen los juguetes o los objetos que caen en su poder. Quieren saber cómo son, transformarlos, medir sus posibilidades… Además son muy inquietos, están permanentemente en movimiento y usan el tacto y la boca para explorar. Y, aunque son cada vez más hábiles, todavía es inmadura su motricidad fina, la que permite realizar movimientos precisos y ser hábil con las manos y dedos. Comparados con un adulto son aún “torpes”, por lo que pueden tirar, empujar o apachurrar con facilidad aquello que tocan, sobre todo si es frágil y delicado. Romper cosas es algo normal y también inevitable.

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Una casa «a prueba de niños»

Tener niños pequeños obliga a acondicionar la casa durante unos años de forma especial. En las casas-museo, los hogares de «mírame y no me toques», serán necesarias ciertas precauciones:

• Paredes de pinturas plásticas y lavables, por lo menos las de su cuarto y hasta cierta altura, y pizarras que pueda pintarrajear.
• Retirar los objetos delicados, los de valor sentimental o económico y los que suponen peligro si se rompen.
• Dedicar algún cuarto o clóset especial para el material delicado, como documentos importantes o medicamentos.
• Dejar fuera de su alcance las figuritas de cristal, lámparas de mesa, jarrones de porcelana, la colección de libros antiguos o los sofisticados equipos electrónicos.
Pero también hay que ir haciéndoles responsables, enseñándoles qué objetos requieren más cuidado, cuáles se pueden romper con facilidad, cuáles son imposibles de reponer o son especialmente costosos o difíciles de reparar si se estropean.

Conviene entonces saber cuáles son los juguetes más adecuados para los niños de tres y cuatro años, los que mejor se adecuan a sus posibilidades y los que más placer y posibilidad de juego les ofrecen, minimizando al mismo tiempo los usos inadecuados y los destrozos.

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Los padres debemos…

Poner límites muy claros y explicar que hay objetos desarmables y otros no, que los juguetes no se rompen y no debemos permitir que esto se convierta en juego. Enseñar al niño a respetar las cosas y ser cuidadoso.
• Cuando rompa algo, hacerle ver que eso no es correcto y no se debe repetir. Si insiste en ese comportamiento, aislar al niño y decirle que reflexione que «hay que cuidar las cosas y no romperlas».
• Poner a su disposición objetos y juguetes que sean sólidos y no se rompan de forma sencilla. Los que se rompen con facilidad hacen al niño sentirse culpable sin motivo. • Darle juguetes sencillos y desmontables para que satisfaga su placer de desarmar una y otra vez.
• Elogiarle mucho cuando cuide sus juguetes y los objetos de la casa para que se sienta orgulloso y contento consigo mismo. Fomentar su cooperación en el orden y cuidado de las cosas.
• Tener en cuenta que el niño puede tener un plus de energía que no puede desfogar de otra manera. Proporcionarle entonces espacio amplio, aire libre, ocasión de jugar y de desahogarse, hacerlo correr, pasear con él, dejarlo andar en bici hasta cansarse…
• Podemos darle objetos en desuso para desarmar, ropa vieja, papeles para rasgar… Necesitan incluir en sus juegos algunos momentos de caos y desorden.
• Romper cosas divierte a los niños y hasta es sano si lo hacen de modo inofensivo: pintarrajeando y recortando (con tijeras sin punta) periódicos y revistas viejas o arrugándolos y haciendo proyectiles de papel. También saltando sobre los charcos o construyendo y destruyendo castillos en la arena en el verano…
• Si al destrozo se une el ruido, la diversión es doble. Por ejemplo: saltando sobre las cajas de cartón tras desempacar un electrodoméstico, estallando las burbujas del plástico de embalaje…

[Por: Luciano Montero, psicólogo / Fotos: iStock]

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