Ser PadresCerrar
Email WhatsApp Compartido por 0 personas

Maternidad

09.04.2013

Mamá a los 40…¿quién nos enseña a ser padres?

Con la claridad que da mirar las cosas de lejos, me doy cuenta de que lejos de ser un problema, como pensé al principio, ser mamá a los 40 años es una bendición. Claro, en el momento que confirman que estás embarazada surgen miles de temores y cada día aparece uno nuevo, a pesar de […]

Mamá a los 40…¿quién nos enseña a ser padres?

Con la claridad que da mirar las cosas de lejos, me doy cuenta de que lejos de ser un problema, como pensé al principio, ser mamá a los 40 años es una bendición. Claro, en el momento que confirman que estás embarazada surgen miles de temores y cada día aparece uno nuevo, a pesar de los años. Primero, el tema de los problemas que puede acarrear tener un hijo cuando el cuerpo ya no tiene 20 años y el tiempo ha hecho lo suyo. Después, aparece la culpa por ser padres viejos, cosa que no ocurrió con los otros hermanos, que contaron con toda la disposición y energía de sus progenitores. Y por último, el temor de no estar, de perderse quizá el matrimonio, los nietos de esa hija, en mi caso.

Pero como siempre en la vida, la rutina se encarga de sacarnos los pesos de encima y sobrellevamos con normalidad lo que en un comienzo fue un estado de casi pavor. Y así, con el día a día, empiezan a aparecer las cosas buenas como la maravillosa emoción que provoca tener un hijo, a la edad que sea; saber que si uno no va a estar, existen cuatro hermanos que se van a desvivir por cuidar a su hermana y que jamás la van a dejar sola. Pero también, a los 40 años, la vida se ve de otro modo, no sé si más simple, pero tal vez con más sabiduría. Con mis cuatro hijos mayores ya había “ensayado” bastante, así que criar a la Ángela fue sencillo.

Las cosas que en un momento me atormentaron las supe resolver de mejor manera. Los retos se distanciaron y se remitieron a casos estrictamente necesarios. Los castigos casi desaparecieron y la “neura” por las notas y el buen comportamiento se midieron de acuerdo a sus capacidades y no a las exigencias del colegio. Me di cuenta de que la defendí más, le di más veces la razón y la formé más libre.

Es recurrente la frase “nadie nos enseña a ser padres”, pero con la Ángela, con mi familia, aprendí que si hay alguien que nos enseña a ser papás: nuestros propios hijos.

Comenta este post

cerrar