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Mujer 3.0

27.09.2017

¿HIJOS SOBREPROTEGIDOS O HIJOS CÓMODOS?

Los padres muchas veces, con el afán de proteger a sus hijos de accidentes en la casa o de evitar que rompan, ensucien o desordenen, logran que ellos se transformen en unos pequeños seres cómodos y subestimados.

¿HIJOS SOBREPROTEGIDOS O HIJOS CÓMODOS?

Los niños actuales saben manejar la tecnología al revés y al derecho, hablan idiomas, saben conducir a temprana edad, pero no saben hacerse cargo de los quehaceres y deberes tan simples como hacer una cama u ordenar su pieza o hacer sus mochilas.

Muchos niños de cuatro años, y a veces de más edad, toman biberón, se les baña y usan pañal o duermen en la cama de los padres. A lo mejor muchos de estos niños saben andar en patinetas o saben alguna disciplina como karate, pero no saben dar las gracias ni decir por favor.

Para ellos, no hay duda que las historias de lobos habitando en los bosques son sólo aventuras de cuentos, son parte de los mitos. Cuentos e historias que sus progenitores nunca les leerán porque los subestiman y les pueden provocar pesadillas. Muchas veces los padres en el afán de proteger a sus hijos de un mundo peligroso, con tantas competencias, rivalidades y muchas otras veces cargado por sus propias mochilas de temores han hecho y están haciendo personitas débiles, cómodos e incapaces de soportar una contrariedad sin derrumbarse, son niños sin motivación ni fortalezas.

Los padres actuales no están permitiendo que sus hijos rompan sus limitantes por sí mismos. Hoy en día en miles de hogares de este planeta, los progenitores están teniendo temor a poner límites y hacer a sus hijos responsables de sus actos desde pequeños, cada día los padres subestiman más a sus pequeños. Los padres deben permitir que sus hijos tengan sus propias experiencias, así podrán fortalecerse para la vida.

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Muchos niños hoy son incapaces de orientarse en la calle, hacen sus responsabilidades con los padres y observan como muchas veces terminan sus responsabilidades por ellos. No saben, por ejemplo, amarrarse los zapatos ni abotonarse una camisa porque siempre hay alguien encima de ellos para satisfacer sus necesidades y deseos diarios.

En la generación de los ’80, e incluso antes de ella, el centro de atención no eran los hijos en la vida de nuestros padres, de hecho siempre nos decían: “lee, crea o pinta, entretente”.

Hoy por hoy, los padres poseen más poder adquisitivo, llegan más tarde a la paternidad, y tanto en las clases medias como altas los niños
lamentablemente son un símbolo más de estatus y hay una gran competitividad por brindarles lo mejor en todos los ámbitos y por ponerlos en mil talleres extraescolares para descubrir sus talentos y pasiones más escondidas.

Los padres sienten culpa porque debido al trabajo no pueden estar con sus retoños y adolescentes, entonces viene la confusión sobre lo que es brindar felicidad, por lo tanto no dejan que sus hijos se aburran, no ponen límites o simplemente no son capaces de decir “no”. Por eso le dan todo lo que pidan sus hijos, ya sea en base a la tecnología o todo los más inimaginable que podamos darles, ¿y para qué? Para como padres no sentir culpas.

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Los límites son la palabra mágica para la educación de nuestros hijos para que desde pequeños los guiemos a hacer las cosas por sí mismos sin que sintamos miedos ni culpas.

“La sobreprotección no prepara a los niños para aceptar, asumir y superar el sufrimiento físico y moral, que es algo que les va a tocar vivir seguro”, decía García Amilburu. La experta pone como ejemplo los deberes escolares, que encuentran una oposición férrea de parte de muchos alumnos y -lo más curioso- también de sus familias. “Toda esa cultura del éxito fácil y el dinero fácil” es peligrosa. Lo bueno cuesta esfuerzo, no se trata de machacar a los niños y ponerles las cosas complicadas porque sí, es sólo para que aprendan que la vida es así.

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